El paraíso del Caribe se está muriendo
EL HERALDO presenta una serie de reportajes que evidencian los múltiples daños a la flora y fauna que están dejando sin su maravilloso atractivo a Roatán. En este trabajo, una a una se señalan los razones, la magnitud y repercusiones que tendrá el ecocidio que sucede en la reservas naturales de la cabecera de Islas de la Bahía. Hay muchas causas de la merma en el inventario natural, pero la principal es el crecimiento desordenado del turismo, y no hay asomo de interés del gobierno por detener esta cuenta regresiva rumbo a la desaparición de este paraíso.
Como un cáncer, este paraje natural pierde vida cada día. El mal avanza lentamente matando todo a su alrededor. El enjambre de raíces y ramas inundadas por el agua de mar está dando paso a pequeños desiertos, que está condenando la vida del ecosistema.
Los manglares parecen ir camino a la desaparición en Roatán, la cabecera departamental de Islas de la Bahía. Y El HERALDO se lanzó a una aventura marina para constatar las gravedad de los varios males que están afectado a esta exquisita zona turística hondureña en el mar Caribe, famosa por sus blancas playas, arrecifes de coral y bosques de manglar.
Aquí el mal está identificado: la mano del hombre. Un desordenado crecimiento de la industria sin chimenea está formando una bomba de tiempo. En esta isla, la mayor de las tres que componen el departamento insular, la deforestación de manglar ha crecido en los últimos años de forma alarmante y sin que las autoridades pueden frenar este ritmo.
Utila y Guanaja también enfrentan problemas similares. La principal causa de la desaparición de este sistema de vida está en las nuevas construcciones de hoteles.
CORTES ILEGALES
CON VIDA. El bosque de manglar ofrece hermosos parajes, con caminos de agua que cruzan la naturaleza. En muchas partes donde antes existía manglar, ahora se ven playones listos para lotificar. Algunos cortes están autorizados para ese fin por parte de la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, mediante la emisión de licencias ambientales.
Pero otros, en una gran cantidad, se hacen en la clandestinidad, aprovechando la casi nula vigilancia de la Policía Preventiva o de la Fuerza Naval. EL HERALDO corroboró ciertos puntos críticos donde se han producido estos crímenes ecológicos, como las zonas de Corozal, Mud Hole y Flowers Bay, en el sureste de la isla.
Muchos de estos cortes se producen en zonas declaradas bajo protección, mediante un acuerdo presidencial, pero eso sucede en papel. La falta de un inventario de los recursos del manglar hace difícil cuantificar las pérdidas.
Varias deforestaciones están a simple vista, pero hay otros cortes que inician en medio de la jungla y no pueden ser divisados si no es entrando al lugar, de acuerdo a lo que constató EL HERALDO.
Lo que se pretende con este corte interno es que este bosque vaya desapareciendo hasta que el daño sea irreparable y así sea más fácil conseguir una autorización para construcción. “Hace tres meses que este corte no existía; aquí había manglar”, dice con lamento Alvin Jackson, un lugareño, al ver un masivo corte en la región de Mud Hole.
En estos sitios, antes verdosos y llenos de intrincadas formas de raíces, parece que una explosión acabó con toda la vida vegetal y ahora son pantanos próximos a ser tierras desérticas.
Jackson es un instructor de buceo que se muestra preocupado por la continua pérdida de los parajes que él disfrutó en su niñez y ha hecho reiterados llamados para que el gobierno local pare esta deforestación, pero su voz se pierde en el mar.
La pérdida de los manglares no solo está amenazando la desaparición de atractivos visuales, si no de un sistema vegetal que propicia otras formas de vida, como arrecifes y especies marinas, importantes para el equilibrio de la zona. Paradójicamente, a medida que estos manglares vayan desapareciendo para que sus espacios lo ocupen hoteles, irá muriendo mucha variedad de animales y plantas, que son la fuente de atracción de turistas nacionales y extranjeros.
El manglar es un árbol con raíces que nacen desde el suelo arenoso hasta la superficie y luego irradia frondosas ramas sobre el agua. Es vital para la subsistencia de las regiones tropicales. Ayudan a la estabilización y control de la erosión y a la desalinización del agua que entra a tierra firme, porque la filtra.
BELLEZA. La isla está llena de atractivos, pero por su delicadeza se necesita mayor interés en su protección. De igual manera reduce el impacto del oleajes fuertes en caso de tormentas o huracanes y funciona como cortina rompevientos. Muchas especies de peces y otros usan las raíces para estuario o viveros donde se crían los animales marinos para protegerse de depredadores.
Estas variedades zoológicas son necesarias después en el mar, porque se comen otras variedades y son fuente de alimentos de depredadores, en un delicado sistema de equilibrio que ya presenta serias fisuras.
NO HAY AUTORIDAD
Mientras el manglar desaparece, la Fiscalía de Roatán poco sabe de la magnitud de los daños que se están produciendo. La dependencia del Ministerio Público conoce de algunas denuncias, pero es un porcentaje pequeño del ecocidio que sucede a pocos kilómetros de sus oficinas.
El fiscal David Díaz dice que es poco lo que pueden hacer porque al igual que la policía carecen de los medios para hacer operativos de vigilancia. El poco personal destacado en la isla también merma las posibilidades de actuar, lamentó.
“Como es una noticia criminal, se va a proceder a realizar las inspecciones de campo”, se comprometió Díaz, al darle a conocer la incidencia de los hechos. El reflejo del desinterés de las autoridades por frenar el corte de manglar se ven en el diputado de Islas de la Bahía, Jerry Aind, quien parece no tomarle importancia a este problema.
“Hablamos de lo bonito que hay, de lo positivo, de eso queremos hablar de los recursos que entran (por turismo); yo quiero hablar de los positivo, lo malo no lo quiero ver”, expresó el parlamentario mientras llevaba en un carro al presidente de Honduras Manuel Zelaya luego de recibir la llegada de un crucero en Roatán.
Fuente: El Heraldo